
Lo han destruido todo. Ahora necesitamos construir un hogar más que nunca.
Muchos ya conocéis la historia de nuestros niños de Solomon.
Actualmente, los 22 niños viven junto a Solomon en una pequeña casa de alquiler en Kampala, concretamente en Kawala Zona 2. Una casa muy humilde, con tan solo dos habitaciones para todos ellos. Nunca fue un lugar adecuado para tantos niños, pero era lo único que tenían.
Por eso nació nuestro gran sueño: construir un orfanato.
Un hogar digno donde los niños pudieran vivir, estudiar, jugar y crecer con seguridad. Un lugar donde, además, pudiéramos acoger a muchos más niños de Uganda que han quedado huérfanos, viven solos, sobreviven en la calle o se encuentran en situaciones extremadamente vulnerables.
Con esa ilusión compramos un terreno y comenzamos poco a poco. No teníamos recursos para levantar el orfanato todavía, pero sí conseguimos construir unos baños con agua corriente, duchas, aseos y una pequeña construcción de madera que utilizábamos como almacén y para criar algunos animales, como cabras y gallinas.
Sin embargo, poco después, el Gobierno declaró aquella zona como humedal protegido e inundable, prohibiendo cualquier construcción en ella.
Por suerte, todavía no habíamos comenzado la construcción del orfanato.
El año pasado conseguimos adquirir un nuevo terreno en Mpigi, esta vez con toda la documentación legal correspondiente y el Land Title necesario para poder construir allí de forma segura y definitiva.
Pensábamos que tendríamos tiempo para recaudar fondos poco a poco.
Pero ayer todo cambió.
Ayer llegaron las excavadoras.
La Autoridad Nacional de Gestión Ambiental de Uganda (NEMA) está llevando a cabo una gran campaña para recuperar humedales protegidos en distintas zonas del país. Cuando identifican construcciones dentro de estas áreas, las derriban para restaurar el terreno.
Aunque organizaciones sociales, juristas y defensores de los derechos humanos llevan tiempo denunciando que muchas de estas actuaciones afectan a familias extremadamente vulnerables y que deberían realizarse con más garantías, avisos previos suficientes y alternativas para los afectados, la realidad es que muchas comunidades viven con el miedo constante de que la demolición pueda llegar en cualquier momento.
Y ayer les tocó a ellos.
Todo quedó destruido.
Las casas de la comunidad. Los baños que habíamos construido. Las duchas. El pequeño almacén. Todo.
En los vídeos que nos ha enviado Solomon, nos explica que intentan rescatar algunas pertenencias entre los escombros.
Vemos a dos de nuestros niños cuando regresan de la escuela y se encuentran con que ya no queda nada. Se quedan mirando en silencio, sin comprender qué ha pasado. Como si intentaran entender cómo un lugar que existía por la mañana ha desaparecido por completo cuando vuelven a casa.
Son imágenes que nos han roto el corazón.
Durante años hablamos de construir un orfanato porque era un sueño.
Hoy ya no es un sueño.
Es una urgencia.
Necesitamos trasladarnos cuanto antes al nuevo terreno de Mpigi y comenzar la construcción de un hogar seguro para ellos.
Un hogar donde nadie pueda llegar un día y destruirlo todo.
Un hogar donde estos 22 niños puedan vivir con dignidad.
Y un hogar que, en el futuro, permita salvar a muchos más niños que hoy siguen viviendo en la calle o completamente solos.
Por eso hemos creado este reto solidario y os pedimos ayuda, de corazón.
Cualquier aportación, por pequeña que parezca, nos acerca un poco más a convertir este terreno en un hogar.
Porque después de lo ocurrido, no podemos esperar más.
Podéis colaborar aquí:
Y, si no podéis donar, os pedimos algo igualmente valioso: compartir esta historia.
Quizás la persona que consiga cambiar el futuro de estos niños la alcance gracias a vosotros.
Gracias por estar siempre ahí.
Gracias por ayudarles a seguir adelante.




